EL BULLYING 2ª PARTE

 In BULLYING, CONVIVENCIA, EDUCACION, HABILIDADES SOCIALES, NORMAS, Psicología Educativa, PSICOPEDAGOGIA

El acoso entre iguales es un serio problema educativo. El término “abusón” siempre ha formado parte del vocabulario escolar.
Causa un indecible sufrimiento entre las víctimas, que pueden llegar al suicidio, y efectos nefastos en agresores y espectadores. Suele pasar desapercibido entre el profesorado y las familias o provocar su impotencia, al no saber cómo afrontar un tema que puede tener gravísimas consecuencias sociales. Son características de este tipo de acoso la desigualdad física o de poder entre agresores y víctima, las acciones repetidas en lugares y tiempo, con intencionalidad de atemorizar.
Existen componentes físicos, verbales, sociales y psicológicos que marcan a las personas protagonistas en su futuro social, más allá del periodo escolar. La práctica consiste en ejercer violencia repetidamente contra alguien que no puede o no sabe defenderse: golpes, empujones, insultos, robos de bocadillos o tareas, que atemorizan y aíslan a la víctima, generándole además anticipada angustia. Antes de salir de casa ya sufre lo que le puede pasar.
El agresor, más frecuentemente varón, habitualmente es más fuerte físicamente o de carácter y sin sentimiento de culpabilidad (“el otro se lo merece”). Se acostumbra a la extorsión sin consecuencias, pudiendo evolucionar en el futuro hacia la delincuencia o la agresión familiar. La víctima, también más frecuentemente varón, suele ser de baja autoestima, con dificultades de relación, no manteniendo tras de sí un grupo que le proteja y trata de escaparse de la agresión, protegiéndose con enfermedades imaginarias o somatizadas. Los espectadores o espectadoras que no intervienen y se acostumbran a ver como normales las situaciones injustas, llegan a inmunizarse ante el sufrimiento ajeno. Cualquier lugar donde no haya personas adultas observando es susceptible de ser el escenario de la intimidación: patios, alrededores,…
En la etapa escolar, los responsables de la prevención y corrección del acoso somos tanto los familiares de agresores, de espectadores o de víctimas, como el profesorado y el resto del personal adulto de los centros de enseñanza. Por ello es apremiante que los diferentes estamentos de la comunidad escolar tomemos el tema con la prioridad que merece y elaboremos un plan propio de detección y corrección del problema. Se propone que todos los centros escolares, y fundamentalmente en los niveles de Enseñanza Primaria y Secundaria, elaboren un plan ‘antibullying’ específico, con terapias para el alumnado víctima y victimario, en su caso recurriendo a profesionales.

Lo más importante no es la acción en sí misma, sino los efectos que produce entre sus víctimas. Nadie debe subestimar el miedo que un niño, niña o adolescente intimidado puede llegar a sentir.
Por tanto, estas situaciones de acoso, intimidación o victimización son aquellas en la que un alumno o alumna está expuesto, de forma repetida y durante un tiempo, a acciones negativas que lleva a cabo otros compañeros.
Por acciones negativas entendemos tanto las cometidas verbalmente o mediante contacto físico, como las psicológicas de exclusión.
No hay que confundir estas situaciones con los típicos altibajos que se producen en las relaciones entre los alumnos, especialmente a lo largo de la etapa de la adolescencia y pre-adolescencia. Los conflictos y las malas relaciones entre iguales, los problemas de comportamiento o de indisciplina son fenómenos perturbadores pero no son verdaderos problemas de violencia, aunque pueden degenerar en ellos, si no se resuelven de una forma adecuada.
Para prevenir y atajar posibles brotes, es muy conveniente centrar el tema y aclarar entre todos de qué estamos hablando y dejar de pensar “que todo esto es normal entre escolares” ni “que se trata sólo de bromas”.
Ejemplos concretos:
• Cuando un chico o una chica se mete con otro compañero o compañera insultándole, poniéndole motes, burlándose de él o ella, amenazándolo/a, tirándole sus cosas, pegándole o diciendo a los otros que no se junten con él o con ella,…
• Cuando en el patio de recreo, en los pasillos, en los servicios y en la propia clase sucede, a veces, que unos compañeros/as se meten con otros/as, se burlan de su aspecto, se ríen de ellos, y luego dicen que ha sido jugando o que el otro es un quejica, pero la verdad es que eso molesta,…
• Cuando algunos chicos y chicas les dicen a los demás que no le hablen a otra chica o chico, para que no tenga amigos ni amigas, o le acusan de algo siendo mentira,…
• Cuando un chico o una chica abusa de su fuerza o se pone chulo o chula y se hace el guay, porque otros chicos y chicas les ríen las gracias cuando se hacen los graciosos, chulean, pegan o amenazan a otro compañero o compañera que no es tan fuerte, o que le da vergüenza enfrentarse con él o con ella y siempre se calla y aguanta,…
• Cuando un grupo de chicos o chicas levanta rumores falsos sobre un chico o una chica, simplemente porque no quiere salir con ellos o no están dispuestos a hacer lo que ellos quieren ni aguantar sus cosas y empieza a perder sus amigos/as y a tener cierta fama,…
¿Quiénes son responsables?
Los profesores/as y los padres tienen una responsabilidad especial en el cuidado de niños/as y adolescentes, y eso incluye ayudar a quien están siendo víctima de estas conductas no deseadas en la escuela. Pero los adultos no pueden hacerse cargo estas tareas, sin la ayuda de los propios niños/as y adolescentes.
Cuando alguien está siendo víctima del fenómeno “bullying” en un centro educativo, el resto de compañeros que no están implicados directamente, si saben sobre lo que está sucediendo en el aula, en el recreo o en la calle. Aunque ellos no estén envueltos, podrían ayudar a quienes sufren estas conductas no deseadas.
Podrían animarles a hablar directamente con un adulto, o bien podrían ofrecerle hablar con un adulto en su favor. Así, puede ser que los compañeros agresores dejen de actuar contra otros, pues no les gustará saber que hay adultos que saben que están haciendo y que no pararán hasta verlos actuar de este modo.
Todos los miembros de una comunidad educativa (alumnado, padres/madres, profesorado,…) tienen una responsabilidad importante en la ayudar a quiénes están siendo víctimas y hablar de quienes tienen estos comportamientos violentos.
Consejos sobre acciones a tomar:
• Si alguien en su familia es víctima del “bullying” en el colegio/instituto, usted tiene que hacer algo para ayudarle: lo primero, hablar con un profesor o profesora.
• Si se preocupa que alguien en su familia puede ser un agresor (“bully”), debe tratarlo inmediatamente con un profesor o profesora.
• Si desea ayudar a evitar este fenómeno en la comunidad educativa de sus hijos e hijas, trabaje con el profesorado y otros padres/madres para lograr un colegio/instituto más seguro para todos.
• Si usted no está satisfecho con la respuesta de los responsables del colegio/instituto, no abandone, busque otros medios y recursos disponibles para prevenir estas conductas infantiles-juveniles.
• La ayuda y la comprensión en el hogar, en la familia, son fundamentales para cualquiera que quiera hacer frente a este fenómeno. Haga todo lo que puede por ayudar a que estos niños, niñas y jóvenes puedan auto-valorarse.
• Los niños, niñas y adolescentes que son testigos o conocen de casos de ‘”bullying”, puede estar inseguros de que hacer y si deben decir algo a alguien responsable. Asegúrese de que hablen con sus padres o profesores sobre estos hechos que están ocurriendo entre sus compañeros.

Consejos para hermanos/as y amistades:
Los/as hermanos/as y amigos/as saben a menudo que alguien está siendo intimidado por sus compañeros/as de clase, mucho antes que lo sepan los propios profesores y padres de unos y otros.
¿Qué debería hacerse? Algunas veces, la persona que está siendo intimidada de alguna manera por sus compañeros, le piden a sus hermanos/as o amistades que no digan, ni hagan nada. En ocasiones, no hacen nada para que los agresores (“bullies”) no hagan lo mismo con ellos.

Pero no hacer nada significa generalmente que estos chicos o chicas que abusan de sus compañeros continuarán haciéndolo, o que estos lo hagan en secreto, e incluso elijan a otras víctimas cercanas a las víctimas (hermanos/as, otros amigos y amigas,…). Parte de la diversión que estos chicos y chicas consiguen con estos comportamientos, es la reacción de miedo y respeto de otras personas presentes, hacia éstos/as como agresores.
Si no haces algo, los agresores pueden pensar que apruebas lo que están haciendo.

Algunas cosas que pueden hacerse:
Si cualesquiera de ellos no actúan, no abandone. Intente siempre algo más.
• Persuada a la persona que es víctima de estas conductas que hable con algún adulto responsable de su educación y protección. Puede ser un/a profesor/a o padre/madre.
• Anime a estas personas a que cuenten lo que está sucediéndole.
• Ofrézcale hablar a un adulto sobre las conductas de estos compañeros/as que abusan.
• Deje que los agresores sepan que no están asustados de ellos, que usted no hará nada y que está dispuesto a verlos hasta que paren.
• Plantee este asunto en el Consejo de escolar del colegio/instituto, como si se tratara de un debate sobre otras materias (inglés, educación física,…).
• Implique a tanta gente como sea posible. En particular, intente asegurarse que el profesorado conozca lo que está sucediendo, pero sobretodo, háblelo con otros miembros de la comunidad educativa.
Cosas que no deben hacerse:
• No use la violencia contra los agresores. Puedes ser acusado de malos tratos a hacia los mismos, que suelen ser menores de edad.
• No le diga al niño/a o joven víctima que se ocupe de solucionar sus propios problemas. Si ellos pudieran, no le habrían pedido ayuda.
• No intente ocuparse de este problema por su cuenta.
Mensajes para hacer entender a personas víctimas de tales conductas:
“No tienes la culpa de ser intimidado por otros compañeros de clase”
“Tu no tienes que hacer frente a esta situación, sólo”

El comportamiento de intimidar a otros puede ser físico o verbal. Los varones tienden a usar la intimidación física o las amenazas, sin importarles el género de sus víctimas. La intimidación de las niñas es con mayor frecuencia verbal, usualmente siendo otra niña el objetivo.
Los niños que son intimidados experimentan un sufrimiento real que puede interferir con su desarrollo social y emocional, al igual que con su rendimiento escolar. Algunas víctimas de intimidación hasta han intentado suicidarse antes de tener que continuar tolerando tal persecución y castigo.
Los niños y adolescentes que intimidan, se engrandecen y cobran fuerzas al controlar o dominar a otros. Ellos muchas veces han sido las víctimas de abuso físico o de intimidación. Los intimidadores (“bullies”) pueden también estar deprimidos, llenos de ira y afectados por eventos que suceden en la escuela o en el hogar. Los niños que son el blanco de los intimidadores también tienden a caer bajo un perfil particular. Los intimidadores a menudo escogen niños que son pasivos, que se intimidan con facilidad o que tienen pocos amigos. Las víctimas también pueden ser más pequeños o menores a quienes se les hace muy difícil defenderse a sí mismos.

Si usted sospecha que su hijo está intimidando a otros, es importante que busque ayuda para él o ella tan pronto como le sea posible. Sin una intervención, la intimidación puede llevar a serias dificultades académicas, sociales, emocionales y legales. Hable con el pediatra, maestro, principal, consejero escolar o médico de familia de su niño. Si la intimidación continúa, una evaluación comprensiva por un siquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental debe de ser planificada. La evaluación puede ayudarlos a usted y a su niño a entender cuál es la causa de la intimidación y a desarrollar un plan para ponerle fin al comportamiento destructivo.

Si usted sospecha que su niño ha sido víctima de intimidación, pídale a él o a ella que le diga lo que está pasando. Usted puede ayudar proveyéndole muchas oportunidades para que hable con usted de manera abierta y sincera.
También es importante que se responda de manera positiva y con aceptación. Hágale saber a su hijo que no es su culpa y que él o ella hizo lo correcto al decírselo a usted. Otras sugerencias específicas incluyen lo siguiente:
• Pregúntele a su niño lo que él o ella cree que se debe de hacer. ¿Qué él ha tratado ya? ¿Qué le funcionó y qué no le funcionó?
• Busque ayuda de la maestra del niño o del consejero de la escuela. La mayor parte de la intimidación ocurre en las áreas de juego, en las cafeterías, los baños, los autobuses escolares o en los pasillos donde no hay supervisión.
• Pídale a los administradores de la escuela que busquen información acerca de programas que han sido utilizados en otras escuelas y comunidades para combatir la intimidación, tales como la mediación entre los pares, la resolución de conflictos, el adiestramiento para controlar la ira y el aumento en la supervisión por adultos.
• No estimule a su niño para que se defienda peleando. En vez de ello, sugiera que él o ella trate de alejarse para evitar al intimidador, o que busque la ayuda del maestro, entrenador u otro adulto.
• Ayude a su niño a practicar a hacer valer sus derechos. El simple acto de insistir que el intimidador lo deje solo o quieto puede tener un efecto sorpresivo. Explíquele a su niño que la meta del intimidador es lograr una respuesta.
• Ayude a su hijo a practicar qué decirle al intimidador de manera que esté preparado para la próxima vez.
• Estimule a su niño para que esté con sus amigos cuando viaja hacia la escuela y de regreso, durante los viajes para hacer compras, o en otras salidas. Los intimidadores tienden a no molestar al niño que está en un grupo.
Si su niño se torna retraído, deprimido o si se resiste a asistir a la escuela, o si usted se da cuenta de un deterioro en el comportamiento escolar, puede necesitarse una consulta o intervención adicional. Un siquiatra de niños y adolescentes u otro profesional de la salud mental puede ayudar al niño, a la familia y a la escuela a desarrollar una estrategia para tratar con la intimidación. Busque a tiempo la ayuda profesional para así evitar el riesgo de consecuencias emocionales duraderas para su niño.

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